Volver.

“¿Si pudieras cambiar tu historia, lo harías?”

“Gran pregunta” pensaba mientras caminaba por la vieja calle que llevaba a su casa. Era un día muy frío y las gotas de lluvia ya empezaban a caer. “Pero completamente inútil porque no lo podría hacer si quisiera” pensó con un poco de fastidio.

La pregunta resonaba en su cabeza desde que su mejor amigo, Nicolás, le había salido con eso tras la enésima vez que llegaba a clase con una mirada triste en la cara. No había tenido respuesta para el.

Ella sabía que el estaba cansado de verla así. Ya había pasado mucho tiempo, pero ella igual no podía olvidar. “Igual el que sabe. A el nunca le han roto el corazón, siempre es el que los rompe”.

“Que hambre tengo” pensó, mientras pasaba por el viejo restaurante de hamburguesas. Hacía meses no iba porque le traía muchos recuerdos de él. Pero era un día lluvioso y su casa aun estaba muy lejos, y que hambre tenía. “¿Por qué no? Tendré que enfrentar esto algún día”.

El lugar estaba igual que siempre. Ahí estaba la esquina de ellos, donde se sentaban a hablar. Un suspiro se le escapó de los labios. “Que más da, ya habiendo entrado acá…” y se fue caminando lentamente hasta la mesa de la esquina. Un millón de imágenes se le vinieron a la mente.

Como si estuviese espantando un mosquito, paro el flujo de memorias. “Ni se te ocurra llorar en este sitio”. Tenía la manía de hablarse sola últimamente. “No es que este loca. Es que nadie más me entiende” se justificaba, sospechando que de pronto estaba un poquito loca.

Se sentó en su silla habitual dejando su maleta en la silla de al lado. Antes de poder darse cuenta de lo que pasaba, se aproximó la mesera. “Ay no” pensó al darse cuenta que también era la mesera de siempre.

“Hola corazón” le dijo la mesera dulcemente. “¿Hoy vienes sola?”

“Evidentemente” pensó, pero contesto con la misma dulzura “Si. Hoy vengo sola”.

“Hace rato no te veía ¿Y tu novio?”

“Terminamos”. Ahí estaba. La mirada de tristeza de todos cuando sabían. “No debí haber venido acá” se decía mientras jugaba incómodamente con su celular.

“Lo siento ¿Y que quieres hoy linda?” dijo con un tono de lastima que le era intolerable a la pobre chica.

“Lo de siempre” y sonrió sabiendo muy bien que no era la misma sonrisa de antes. La sonrisa de el.

Y así de fácil todos los recuerdos. El primer día que se vieron, el primer beso, el último. El día que fueron a ver esa película malísima y todo empezó a tener sentido para una chica que nunca vio el amor como algo capaz de cambiarla. Se acordó de la primera vez que comieron en esta hamburguesería, de lo mucho que se reían. Ni un día se ahogaron en melancolías ni tristezas, todo era risas y felicidad. La primera vez que durmieron juntos.

“No más” pensó con desespero. Hubiera sido más fácil odiarlo, no querer verlo, saber que su amor fue falso. Pero este no es el caso. Ella muy bien sabía que el la amaba. “Me amó” corrigió. Últimamente intentaba cambiar todo al verbo pasado pero era imposible. Ella sabía que sus sentimientos no iban a desaparecer de la nada y que los recuerdos se iban a quedar con ella. Es más, en el fondo de su corazón creía que nunca iba a sentirse diferente. “Es que es tan difícil no añorar algo bueno. ¿Por qué no podía ser un desgraciado?” y se le escapó una solitaria lagrima que no demoro en esconder con la manga de su saco. “Odio llorar en público” se reprochó internamente.

La mesera volvió con su hamburguesa y la misma mirada triste que tanto odiaba en la gente que la miraba últimamente. Y al ver a la mesera ponerle el plato al frente, se acordó de un día en ese mismo restaurante, con esa misma hamburguesa, y la misma coca cola, y sonrió de verdad por primera vez. Se acordó de un día muy feliz que pasaron juntos, riéndose de alguna bobada. Los días más felices no fueron en lo que hicieron algo especial, sino los días normales donde no pasaba nada y se sentían dueños del mundo.

“No cambiaría ni un segundo. Fue lindo encontrarlo aquí después de todo” y comenzó a comerse su comida mientras la lluvia caía a cantaros afuera y el estaba en algún otro lado de la ciudad. Sin ella.

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