Carta de (Des)amor

(Para el amor imposible que nunca fue y nunca será)

Me cogiste la mano en el momento mas extraño de aquel día de verano. Juro que no lo vi venir, aunque me dijeras que tenía que haberlo sabido. Me jurabas que me miraste toda la noche, y que querías poder mirarme todas las noches que nos quedaban. ¿Yo cómo iba a saber que no eran tantas como yo quería? Me acuerdo cuando me propusiste escapar. Y yo te dije que si, sin pensarlo dos veces. Sin pensar que tenía una vida, una familia, que ir a estudiar, a trabajar. Escaparme de la condena de la rutina me sonó a la gloria.

Hicimos tantos planes, ¿no te acuerdas de los mapas rayados trazando nuestra ruta? Este país no era suficiente para los dos. Necesitábamos ver el mundo, conocer, dejarnos cambiar. Querías ser el Che viajando por Latinoamérica, y te juro, aunque nadie me crea, yo estaba dispuesta a renunciar a todo por la vida errante, por ser una gitana y ver los amaneceres desde la comodidad de tus brazos. No tener casa me pareció perfecto, la casa sería el camino y tus ojos cafés. ¿Te acuerdas todos los libros que leímos? Cuando te confesé que lo único que quería hacer con mi vida era leer todos los libros que pudiera y sonreíste como si me conocieras de toda la vida. Y en ese momento creí que era verdad.

Mi padre te odiaba, decía que era típico de mi enamorarme de alguien tan poco serio y de ideas tan revolucionarias. El nunca entendió que todo lo que odiaba de ti, era todo lo que yo amaba. Y es que yo te amaba, nunca te lo dije. Tal vez porque pensé que se acabó el tiempo, pero estoy segura que fue por cobarde. Me acuerdo el día que me juraste nunca escribirme un poema a menos que fuera de la calidad de Neruda. Y lo mejor, el día que nos despertamos a ver el amanecer y me escribiste en el brazo con tinta indeleble –y yo no tenía idea que jamás se borraría, por lo menos de mi alma- “tu brillas mas que el sol”. Y ya, no tuviste que hacer mucho más para enamorarme. El hecho que vieras el fuego ardiendo dentro de mi fue suficiente.

Nos entendíamos en nuestro descontento juvenil. Sospechábamos que todos nos mentían y nunca nos íbamos a dejar de sentir así. No enamorados, por favor, tu y yo somos mas inteligentes que eso y sabíamos que se iba a acabar un día, cuando llamara el deber y tuviéramos que ‘coger seriedad’. El sentimiento que no se iba a borrar era las ganas de más, de que la vida podía y puede ser más. Y cuanto creímos eso, cuantos planes no armamos, tu y yo y nuestra revolución. Queríamos incendiar la noche, hacer que brillara mas fuerte que el sol porque la vida nos debía mas y no queríamos terminar como nuestros padres y nuestros abuelos y bisabuelos. Queríamos algo más, no estábamos seguros que era, pero jurábamos poder encontrarlo.

Y luego, la tragedia, tu y yo sabíamos que llegaría. La  gran pelea. Y nunca me había sentido tan derrotada, como al verte partir. Yo lo sabía, sabía que te ibas a ir porque ¿que podía darte yo? No podía prometerte constancia, ni que algún día “cogería seriedad”, y que seria la esposa perfecta, y la madre perfecta y que el caos que soy, mis ideas, mis dogmas, mis costumbres cambiarían. Me dijiste, “esta es una etapa, vas a crecer y se te va a olvidar”. Y te mire con tanta tristeza. Yo sabía que el mundo te convencería. Sabía que no ibas a cumplir con los planes porque no creías en ellos realmente. Crecerías, olvidarías todos los sueños que creamos. Y ya está. No había mucho mas que decir excepto lo que te conteste. Te dije con toda la fuerza que pude sacar en ese momento: “es que para mi no es una etapa, así soy yo”. Y ya estuvo, y te fuiste.

Y quede yo, con el corazón destrozado. Con los sueños intactos y el deseo de una vida que fuera algo más, tan firme como un dogma de fe. Pero ahora me sabía agridulce, con las cicatrices que dejó tu amor. Te fuiste y conocerás a esa chica que será todo lo que pides de tu vida convencional. Y yo estaré triste un largo tiempo, porque perdí a mi compañero de viaje, perdí los brazos para recostarme, perdí la fe en el amor y todo lo que representabas para mi.

Pero no te preocupes, yo me mejorare, y conoceré a alguien que crea tan firmemente en mi revolución como yo. Y tendremos la vida que siempre soñamos. Y yo lo se porque así son las cosas, y así soy yo, y lo creo con absoluta certeza. Hay que seguir buscando para encontrar. Probablemente cuando lo haga tendré muchas más cicatrices, muchas más historias, y mi fe y mi dogma igual de firmes, aunque un poco golpeados. La vida es así y hay que caerse antes de poder volar. Mi vida será algo más, eso te lo garantizo.

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